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viernes, 20 de marzo de 2015

Santo Tomás de Aquino fue un pensador poderoso que tuvo una enorme influencia en el escolasticismo medieval y su pensamiento continúa siendo importante para comprender numerosos problemas teológicos y metafísicos. La filosofía de la religión toma un interés especialmente ávido en algunas de sus argumentaciones filosóficas, por ejemplo, y la iglesia católica sigue haciendo un amplio uso de las mismas. De ahí su importancia actual. 

Ahora, el estilo antiguo del Aquinatense puede llegar a dar lugar a muchos malentendidos y deformaciones de su postura intelectual: por eso me he propuesto hacer una pequeña revisión de sus 5 vías para la demostración de la existencia de Dios. Habiendo dicho esto, quisiera hacer una aclaración muy importante:

Los primeros escolásticos pensaron que sus razonamientos tenían el poder de ser demostrativos y no dejar lugar a dudas. Esa situación cambió con Guillermo de Ockham, quien inicio una revolución dentro del mundo teológico con su escuela nominalista. Después de su influencia empezó a considerarse que tales "demostraciones" eran sólo argumentaciones probables y no podían tener un fundamento tan seguro como el que es posible encontrar en el razonamiento matemático o lógico. Estas dudas se agudizarían más después de que David Hume e Immanuel Kant elaboraran sus filosofías con el propósito de limitar el pensamiento metafísico y el círculo de Viena quisiera poner unos últimos clavos sobre su ataúd. Tomando en cuenta esto, es pertinente tener reservas al momento de referirse a estas argumentaciones como "demostrativas" y tener un juicio más cauteloso al hablar sobre ellas.

1. Argumento del primer motor inmóvil:

El primer argumento del aquinatense consiste en hablar acerca del movimiento. Cuando hablamos de movimiento aquí es necesario tener en cuenta que no se está haciendo referencia exclusiva al movimiento local o movimiento en el espacio. Eso es lo que nosotros entendemos actualmente cuando nos referimos al "movimiento". Sin embargo, en este caso es mejor hablar de cambio, ya sea cuantitativo (aumento o disminución), cualitativo (como el cambio de color) o local (cambio de movimiento o de posición). Esto corresponde a las concepciones peripatéticas de: movimiento cuantitativo, movimiento cualitativo y movimiento local. 

Todo lo movido es movido por algo más - dice Tomás - por lo que podríamos tratar de hacer una regresión infinita de movimientos. Una regresión infinita de movimientos sería absurda, por dos razones: 1) Si la cadena de movimientos fuera infinita, no habría llegado nunca el presente, pues habría ocurrido una sucesión infinita de sucesos previos. Ni siquiera hubiera podido ocurrir un movimiento inicial, ya que éste hubiera sido precedido por otro movimiento, ad infinitum. 2) Una regresión infinita no lleva a ninguna explicación del primer movimiento.

Por esto se considera que debe haber una parada: un motor que mueve cualquier otro ente y no sea movido: un motor inmóvil. Es decir, un ser capaz de producir el cambio de cualquier ser (cualitativo, cuantitativo o local) sin cambiar él mismo.  Esa es una prueba Aristotélica, aunque Tomás retomó esta idea para aplicarla al Dios cristiano.

2. Argumento de las causas eficientes: 

Este es un argumento muy similar al anterior, si bien utiliza el concepto de causa. Todo lo que existe tiene una causa (por ejemplo, la causa de mi existencia son mis padres, y la causa de ellos, mis abuelos). La cadena de causas no puede ser llevada hasta el infinito, pues no podría haber existido una causa que pudiera causar todo lo demás. Luego, debe existir una causa incausada. Sin embargo, puede surgir una pregunta ¿pudo haberse causado a sí mismo? No. Este ser no pudo ser la causa de sí mismo, pues si así fuera, hubiera sido necesario para él existir antes de causarse a sí mismo, lo cual es absurdo. Luego, no es causado por algo más y no es causado por sí mismo. De ahí se sigue que no tiene causa. 


3. Argumento de la contingencia:

Probablemente sea el argumento más celebrado de la Suma Teológica y continúa teniendo una inmensa popularidad en versiones actuales. Para comprenderlo plenamente es necesario conocer el significado de dos términos:

Contingencia: la contingencia refiere a una característica de algunos seres, llamados seres contingentes: estos seres pueden ser negados en una proposición sin que surja una contradicción lógica y metafísica. En otras palabras, pueden o no haber existido, sin que su existencia haya sido necesaria. Sean estos seres S, los cuales tienen una propiedad C. Todos los seres S que cumplen con C podrían haber sido inexistentes.

Necesidad: la contingencia refiere a una característica de algunos seres, llamados seres necesarios. Los seres necesarios son aquellos que existen necesariamente y su negación implica una contradicción. No podrían no existir. Sean estos seres P, los cuales tienen una propiedad N. Todos los seres P que cumplen con N existen necesariamente.

El argumento dice que debe existir un ser necesario, ¿por qué? porque sería absurdo pensar que sólo existen seres contingentes. Si sólo hubiera seres contingentes, todo lo que existe, podría no haber existido. Si esto fuera así, no sería eterno, pues la eternidad es un atributo que tienen aquellos seres que nunca nacen y nunca perecen. En otras palabras, de seres necesarios. Esto quiere decir que ningún ser contingente es eterno, sino que comenzó a ser. Si todos los seres existentes fueran contingentes, habría un momento en el que ninguno de ellos hubiera existido, por lo cual habría reinado una nada absoluta (sin materia, energía, espacio, tiempo o leyes físicas). Sin embargo, si esto fuera así, nada existiera, pues nada sale de  una nada absoluta. Algo existe, como podemos darnos cuenta. Luego, debe existir un ser necesario, como mínimo. Este ser necesario es identificado tradicionalmente como Dios.

Esta es una prueba por reducción al absurdo, ya que afirma el contradictorio de una proposición (sólo existen seres contingentes) para probar, a través de un razonamiento deductivo, la falsedad de su afirmación.


4. Argumento de los grados de perfección:

Este es un argumento relacionado con el enunciado de Aristóteles: "donde hay un mejor, hay un óptimo". Por ejemplo, podemos darnos cuenta de que existen múltiples grados de calor, lo cual nos lleva a pensar en un grado máximo de calor. Santo Tomás aplica este razonamiento al reino moral y afirma que es posible ver una escala de menor a mayor en el modo de comportarse o llevar a cabo ciertas virtudes: algunas personas son más o menos valientes, humildes, templadas o prudentes. Esto quiere decir que debe haber un máximo moral, del cual surja cualquier forma de moralidad imperfecta. De ahí se sigue que tal ser (Dios) debe ser perfectamente moral.

5. Argumento teleológico: 

El argumento teleológico refiere al orden del mundo. Santo Tomás se da cuenta de que existen seres con voluntad (como lo seres humanos) y seres sin voluntad (como un árbol, por ejemplo). Sin embargo, cada ser en este mundo se comporta de acuerdo a ciertas regularidades y sucesiones, de acuerdo a una naturaleza específica. ¿A qué se debe esto? La respuesta de este argumento lleva a pensar a cada uno de ellos como seres con causas finales o propósitos, los cuales están relacionado con su mismo ser. Este orden teleológico del mundo lleva a inferir la existencia de un legislador supremo o Dios. 

Todos estos son razonamientos a posteriori. Es decir, pasan del mundo y sus efectos reales, tangibles, a la existencia de Dios. 

sábado, 14 de marzo de 2015

El fundamentalismo ateo



Esta entrada fue inspirada por el tipo de actitudes y comportamientos que observe en el blog https://misteriosaldescubierto.wordpress.com/2015/02/28/dios-no-existe/ durante mi tiempo ahí. 

Ha sido común en tiempos recientes que un gran número de personas se denominen a sí mismas como "ateas" por no sostener ningún tipo de afiliación religiosa. La palabra ateísmo significa literalmente "sin Dios" e indica la creencia de que no existe ninguna forma de divinidad, trascendente o inmanente. El ateísmo fue una postura casi nula entre pueblos antiguos y empezó a ganar terreno con el nacimiento del pensamiento científico en el siglo XVII, cuando algunos pensadores comenzaron a creer que habían despertado de un sueño muy largo, lleno de ignorancia y dogmatismo. Ellos llamaron a sus antepasados "medievales" y creyeron dar inicio a una nueva época de entendimiento, prosperidad y razón. El hombre había alcanzado su mayoría de edad, según dijo Kant. Sin embargo, el ateísmo estaba en sus inicios y pocas personas se adherían a él, incluso entre clases cultas.

Este panorama es muy distinto en el presente. El ateísmo militante de personajes como Richard Dawkins (el ateo más famoso del mundo, probablemente), Lawrence Krauss,  Christopher Hitchens y otros ha dado paso a una esmerada campaña atea contra cualquier tipo de creencia teísta o deísta. En muchas casos no sólo se reduce a una opinión, sino a un dogma indudable e inatacable. Los seguidores de este activismo ateo han crecido con el tiempo, propagándose en internet y atestando foros de opinión. Lo voy a decir claramente: el ateísmo de estas comunidades es grosero, vulgar, rudo e ignorante. 

Es un ateísmo que se distingue por hacer afirmaciones de dudosa calidad y desplegar una tremenda ignorancia sobre metafísica, lógica, epistemología y teología. En el mejor de los casos existe un conocimiento sumario, bastante vago, sobre algunas ciencias. Se discute con soltura sobre temas ignorados y se despliega con cinismo una profunda apatía, intolerancia y rudeza frente a opiniones contrarias. Aparece continuamente una actitud soberbia y alzada, ensalzada con adjetivos referidos a cultura, inteligencia y progreso, sin someter a autocrítica sus propias argumentaciones y verificar la fundamentación auténtica de lo que se dice. Es un fanatismo muy molesto.

Tuve un profesor que estaba especializado en religión y pensamiento medieval: no era creyente, aunque sentía un profundo interés por este tipo de temas. El primer día de clases se paró frente a nosotros y dibujó en el pizarrón a dos clases de personas, limitadas por una línea central, la cual separaba ambas categorías. ¿Cuáles eran estos grupos? Cada uno se dividía en pares: falsos teístas y falsos ateos, teístas reales y ateos reales. Era una manera burlesca y peyorativa de referirse a personas que adoptaban una postura religiosa (ya fuera a favor o en contra de ella) sin ser capaces de comprender plenamente sus posiciones. Los ateos que he referido hasta el momento son falsos ateos, o al menos son ateos chafas.

¿Por qué digo esto? Porque una gran mayoría de ellos ha abandonado cualquier tipo de creencia en un Dios inventado por ellos mismos. La táctica resulta maliciosa, pues se toma a un Dios (representante de cualquier Dios, dogmático o deísta)  y se le vuelve un blanco de sus críticas más ardientes. Este Dios suele estar desnutrido, maltrecho y es difícilmente reconocible para cualquiera que tenga algunos conocimientos teológicos y metafísicos. Es un "hombre de paja", una criatura hecha bajo la imaginación tendenciosa de este fanatismo ateo.

Esta es una maniobra claramente deplorable, sin dejarse de parecerse mucho al tipo de estrategias utilizadas por algunos cristianos fundamentalistas cuando niegan cualquier evidencia científica relacionada con la evolución, o distorsionan este modelo científico para volverlo un pastiche, una caricatura monstruosa e irreconocible de la auténtica teoría. Lo irónico radica en que el fanatismo ateo suele caracterizarse por aseverar constantemente su adherencia al pensamiento crítico y el análisis objetivo de sus postultados. ¿Por qué parecen estar tan parcializados cuando se trata de discutir a  Dios?

Quiero dejar algo en claro:

Yo no soy un creyente religioso y tampoco soy un ateo. Yo  he suspendido un juicio categórico sobre estos problemas (la mejor palabra que me describe es el agnosticismo) y no pretendo tener un conocimiento claro sobre este tipo de problemas. Leo sobre ellos y trato de mantener un equilibrio entre ambas posturas, dialogando entre ellas y viendo las ventajas y desventajas de cada una. La razón por la que desprecio al ateísmo dogmático radica en mis experiencias personales con este colectivo (una de ellas puede apreciarse en el link anterior), en las cuales he sido testigo de actitudes inflexibles, autoritarias y autoconfirmatorias totalmente deleznables. Así, por ejemplo, fui censurado y banneado en el blog anterior por haber expresado una serie de opiniones contrarias a las que el autor del mismo esperaba. El aplauso y cordialidad que el mismo individuo profesaba cuando alguien defendía su propia visión del mismo era comparativamente silencioso, frío y despectivo cuando se trataba de una argumentación contraria a sus dogmas. Así, dice:


(Comentario censurado por el blogmaster)
NOTA DE SIESP:
Erick, ya está bien.
Te censuro por troll, no por opinar distinto. No es dinámico en un blog que alguien entre a hacerle frente a todos los miembros del foro con comentarios eternamente largos.
Aquí, dialogamos. Los mítines los dejamos para los púlpitos.
Adiós.

Su justificación no es convincente, por supuesto. ¿Acaso podría esperar que hubiera hecho lo msimo si yo hubiera empezado a apoyar su ateísmo categórico? Cada uno puede tener su opinión al respeto. A mi me parece muy dudoso, después de examinar el modo exaltado, casi extático, cuando algún usuario humillaba a un creyente o mostraba, a través de sus propios argumentos, la fortaleza del ateísmo. ¿Por qué expulsar a un miembro cuando éste sale de sus linderos, y, con facilidad para destronar a otros, al bajarlos de su pedestal intelectual, empieza a socavar una de sus creencias más asumidas? No puedo dejar de pensar que un poderoso sesgo de confirmación le debió haber ganado su partida de ajedrez.

Ahora, hasta el momento me he quejado del ateísmo, como si éste fuera una postura negativa. Yo no considero que lo sea. Sin embargo, es necesario distinguir el ateísmo auténtico del falso, tal y como se diferencia al oro del simple cobre. Hay dos tipos de ateísmo que son respetables, aunque el segundo me parece muy débil en términos epistemológicos. Son los siguientes:

El ateísmo negativo: esta forma de ateísmo es perfectamente válida porque adopta una posición epistemológica humilde y racional. El ateísmo negativo consiste únicamente en una ausencia de creencia, no en una afirmación de descreencia. La diferencia es importante. Si un amigo llegara repentinamente a mi casa y me dijera "oye, acabo de ver una cucaracha gigante en mi patio. Medía dos metos y se comió a mi perro" yo tendría el derecho de exigir evidencias, y, de no ser ofrecidas, no habría ningún problema con que yo rechazara su afirmación. Incluso cuando me diera algunas, yo estaría en mi derecho de rechazarlas, considerarlas poco concluyentes y negarme a aceptar lo que me dice. Lo mismo pasa con el ateísmo negativo. El ateo negativo no tiene necesidad de formular una proposición como "Dios no existe", sólo le basta con no reconocer la validez de la proposición "Dios existe". En este caso no requiere argumentar su posición, pues el otro es quien trata de convencerlo. Este es un ateísmo completamente válido y muy respetable. La mayoría de los ateos identificados con esta modalidad de ateísmo son tranquilos, pacíficos y respetuosos, por lo cual no se molestan en burlarse de personas creyentes o tratar de convertir a otros a su propia cosmovisión.

El ateísmo positivo bien fundamentado:  este ateísmo se diferencía del negativo en que se atreve a formular sus proposiciones afirmativamente, diciendo "Dios no existe" y sosteniendo esa posición frente a otros. En ese caso el ateo requiere ofrecer argumentos que sostengan su caso.  Hay una creencia propagada en foros y blogs de internet que considera "el peso de la prueba" como una responsabilidad única del creyente. Esto es falso. El que hace afirma un juicio tiene responsabilidad de argumentarlo (no necesariamente demostrarlo. Hay pocas proposiciones que son categóricamente demostrables. Pedirle una demostración de todo a alguien es cometer una injusticia contra esa persona).

Los ateos positivos que han explorado con cuidado razones científicas, lógicas, epistemológicas, metafísicas y teológicas sostienen una posición de ateísmo auténtico, en el sentido de que su negación a Dios está bien fundada. Esta posición es más razonable cuando el ateísmo no sólo está referido a un Dios particular (cristiano, musulman o abrahámico) sino a cualquier ser divino. Esto implicaría una negación del deísmo, transteísmo, el panteísmo y otras variedades de creencias.

A pesar de esto, me parece que el ateísmo positivo es una creencia muy débil y difícilmente sostenible. Existen una serie de argumentaciones positivas muy persuasivas que indicarían la posibilidad realista de un Dios. ¿Cuál sería la característica de este Dios? Es difícil saberlo, ya que no sería necesario guiarse por textos sagrados. En todo caso, tendría atributos como necesidad, eternidad e inmaterialidad. Asumir una posición atea positiva, en la cual se afirma proposicionalmente la inexistencia de un Dios, es una posición sumamente arriesgada.

Tal y como diría el gran Carl Sagan:

Un ateo es alguien que está seguro de que Dios no existe, alguien que tiene evidencia persuasiva contra la existencia de Dios. No conozco ninguna evidencia de ese tipo. Puesto que Dios puede relegado a tiempos y lugares remotos, así como a lugares y causas últimas, tendríamos que saber mucho más sobre el universo de lo que sabemos para estar seguros de que Dios no existe.
Estar seguro de la existencia de Dios y estar seguro de la inexistencia de Dios parecen ser dos modos de tener una confianza extrema en un tema tan lleno de dudas e incertidumbres, lo cual inspira muy poca certeza, sin duda. 

Para más señales, revisar este link:

http://www.taringa.net/posts/offtopic/13613545/Es-usted-un-ateo-fundamentalista-Averigualo.html

sábado, 24 de enero de 2015

¿Existe Dios? Respuesta

Nota: Esta es una respuesta al artículo ¿existe Dios? No, de la página: https://misteriosaldescubierto.wordpress.com/informes-especiales/existe-dios-no/#comment-51586

La cantidad de comentarios que ha tenido este artículo es notable. He tratado de leer una parte considerable de ellos para saber lo que se ha estado discutiendo desde que se publicó esta entrada por primera vez. Me doy cuenta de que varios han señalado las deficiencias del artículo, pero ninguno de ellos me ha convencido. Es por eso que voy a hacer mi propio esfuerzo.

En primer lugar debo decir que me considero agnóstico. Mi propósito aquí no es defender que Dios existe, ni tratar de utilizar las santas escrituras para apoyar una postura propia. También debo comentar que estudié filosofía y me doy cuenta de que hay muchas controversias teológicas y filosóficas que todavía no se han resuelto. No pretendo ser un experto en esta disciplina y creo que es importante mantener una posición de humildad cuando se debate. Sin embargo, algunas afirmaciones hechas aquí me producen una sonrisa. Me parecen poco rigurosas y bastante superficiales.

En primer lugar hay que diferenciar teología natural de teología dogmática. La teología natural tiene como propósito estudiar problemas metafísicos mediante el uso puro de la razón. La metafísica Aristotélica es un buen ejemplo de teología natural. La teología dogmática o teología revelada consiste en la aplicación del método dialéctico a la biblia o palabra revelada por Dios. Los escolásticos de la edad media trataron de reconciliar la fe con la razón (nutrida del neoplatonismo plotiniano y el aristotelismo) para alcanzar una cumbre de sabiduría.

Es importante hacer esta distinción porque la teología natural no requiere citar pasajes bíblicos, aludir a milagros o postular una santa trinidad. Sí, es metafísica y especulativa, lidia con materias vinculadas a Dios, el alma, el absoluto, la nada y la eternidad, pero no se acomoda a un cuerpo doctrinario específico.  Tampoco ha sido refutada por la física teórica o la mecánica cuántica porque no pertenecen al mismo campo de conocimiento. La metafísica, como lo indica su etimología, está más allá de la física. Su herramienta es el pensamiento puro y la lógica.
 ¿Es la lógica, y en general, el razonamiento formal, capaz de revelar verdades ontológicas a nivel extramental? Esa es una pregunta que requiere justificación epistemológica.  Pero no estamos discutiendo cuestiones epistemológicas, por lo cual no voy a abordar ese problema aquí.

¿De qué Dios se discute aquí? En muchos comentarios he visto que se hace referencia a Cristo, a la biblia o a otros temas religiosos (principalmente cristianos) para refutar la idea de Dios. Lo que se ataca en esos casos es la doctrina religiosa, pero no a Dios mismo. Si vamos a discutir de un Dios metafísico, discutamos a través de argumentos metafísicos (en los cuales es posible tomar prestados argumentos de teología dogmática). Si vamos a discutir de un Dios ligado a una religión podemos incluir a las escrituras o a la tradición escolástica ortodoxa, pero sólo cuando estas inclusiones estén vinculadas con la existencia o la inexistencia de Dios. Es posible criticar el derecho canónico, la liturgia  o los concilios ecuménicos sin necesidad de contradecir en esencia la existencia de Dios. En otras palabras, tengo la impresión de que a veces se intenta minar la idea de Dios al atacar la tradición religiosa que lo rodea, sin que ésta esté enlazada lógicamente con el tema de su existencia fáctica. Es como si se utilizara una  estrategia distractora de falacia ad hominem, en la cual se desmantela la reputación de la religión y se asesta un golpe final a su creencia más preciada, Dios.

El problema del artículo es que parece ignorar que muchos de sus argumentos han sido considerados con amplitud por teólogos y filósofos del pasado. Las respuestas que se han dado han variado y, naturalmente, no son absolutamente demostrativas. El hecho de que Santo Tomás o San Agustín hayan considerado y resuelto esos problemas no implica que sus contestaciones sean verdaderas, pero el problema consiste en que el autor no menciona ninguna de las respuestas teológicas aportadas históricamente ni trata de darles una vuelta lógica. Eso hace que incurra en una falacia “hombre de paja”.
  
Una falacia "hombre de paja" ocurre cuando se toma una idea y se refuta su versión más débil y distorsionada. Es una técnica efectiva para persuadir a otros de que se tiene la razón, lo cual no impide que su fuerza argumentativa sea muy débil. La honestidad intelectual nos pide que nuestras objeciones a una teoría tengan como modelo la versión más precisa, exacta y fuerte que sea posible encontrar. Las nociones metafísicas de este artículo son tan pobres que es muy fácil ver sus agujeros.

Algunos dirán que esto no es importante porque el sentido común nos indica que no existe Dios. He visto al autor de este artículo asegurar tal juicio continuamente cuando responde a algún comentario (con el debido respeto. No tengo la intención de insultar). En lugar de contestar mediante argumentaciones auténticas se conforma con comentar  que no es necesario ser rigurosos con nuestras especulaciones porque Dios no existe (falacia de petición de principio, en la que se acepta ciegamente una premisa) y que la teología es un sinsentido. Y eso me produce una pregunta:

Si la teología (o metafísica) es una pérdida de tiempo ¿por qué utilizarla para demostrar la inexistencia de Dios? En este artículo se está usando una lógica especulativa, y el dueño de este blog, al pegarlo, acepta implícitamente que tiene mérito. Si la metafísica es aceptada para demostrar la inexistencia de Dios, también debería concederse que se utilizara para el propósito contrario. Es honestidad intelectual.

Asumamos que le damos una importancia al razonamiento metafísico y especulativo. Si consideramos que es capaz de darnos conocimiento, y no mera palabrería, debemos esforzarnos por obtener lo más que podamos de su metodología. De ahí se sigue que debemos tratar de usar los argumentos más poderosos a nuestra disposición, y no evitarlos por pereza o cobardía.  Este artículo no los contiene... Y ahora voy a mostrar  por qué.

Mi crítica del artículo:

La omnipotencia de Dios:

Una comentarista anterior señaló previamente que se malentiende la noción de omnipotencia. La idea no ha dejado de tener sus polémicas, ya que algunos teólogos han entendido sus alcances y limitaciones de diferentes modos. De todas formas es posible decir que la versión más aceptada teológicamente presupone que Dios tiene límites relacionados con su naturaleza divina. Santo Tomás afirma en su "suma teológica": "cuando se dice que Dios todo lo puede, lo más exacto es entender que puede todo lo posible y que por esto se le llama omnipotente".

La mayoría de los escolásticos aceptaron que Dios tiene providencia sobre todas sus criaturas. Su poder, sin embargo, está restringido por su propio logos. Si se lleva la concepción de omnipotencia hasta niveles ridículos es lícito decir: si Dios es pura inteligencia, y no puede ser estúpido, entonces es incapaz de cometer estupideces, luego no es omnipotente...  Pero eso es retorcer la teología hasta el absurdo. Para los teólogos la estupidez es una privación (un no ser) y piensan lo mismo del mal. Dios es perfecto, por lo cual carece de imperfecciones. La imperfección no existe como tal, ni es un ser.   Dios tampoco puede destruir los primeros principios lógicos (como los principios de no contradicción, de identidad, del tercero excluido y de razón suficiente) porque atentarían contra su propia inteligencia. La inteligencia divina que organizó todo con un fin específico.

Y si se dijera "pero eso es dogmatismo, ¿quién nos asegura la perfección de Dios?" se contestaría que es una concepción racional de Dios. Un Dios imperfecto sería irracional. Un Dios imperfecto sería incapaz de producir la perfección y parece ser que hay leyes en el universo con un comportamiento perfecto (predecible matemáticamente).

Esto no implica que yo dé por sentado esta idea de Dios o siquiera la existencia de Dios. Quiero expresar la importancia de recordar que estos atributos divinos no han sido asignados tan arbitrariamente como se pudiera llegar a pensar. Todos ellos tienen una larga historia de discusiones y razonamientos sesudos.

El problema del mal:

Este es un argumento comúnmente usado en internet y discusiones informales. Dice "si Dios es tan bueno, ¿por qué permite el mal"? y muchas veces se plantea una falacia de falso dilema: Dios es malo o Dios no puede intervenir. Si la primera es cierta, se sigue que no es perfecto (en el sentido tradicional de la palabra. No es el bien mismo) y si la segunda es cierta, se sigue que no es omnipotente. El dilema es falso porque hay otras maneras de responder a él; al postular sólo dos posibilidades se presenta la falsa ilusión de que una de las dos debe ser cierta. (Un dilema verdadero agota sus posibilidades lógicas, por ejemplo: "el mundo tuvo un inicio o el mundo no tuvo un inicio").

Hay tres argumentos para contestar al problema del mal:

El argumento de San Agustín de Hipona: el mal no existe, solo es la ausencia de bien. El mal es un producto de nuestra voluntad operante, la cual elige libremente el camino del bien o el camino del pecado. Dios quiere que tengamos libre albedrío.

¿Por qué no interviene y borra todo el mal del mundo? Es posible dar dos razones. La primera de ellas es que Dios es el gran maestro que busca enseñarnos a esforzarnos para alcanzar una autoconsciencia autónoma. No sería lo mismo si él nos implantara el bien, ya que no nos perfeccionaríamos como almas individuales.



La segunda es que Dios, efectivamente, es incapaz de operar sobre el pecado. San Bienaventura se preguntaba ¿cómo es posible que Dios vea el pecado, o el no ser, sí él es el bien y el ser óptimo? La respuesta era que Dios sólo ve la ausencia de bien. En otras palabras, Dios ve el lugar en dónde se apaga su luz. De aquí también podría seguirse que Dios solo opera directamente a través del bien (por ejemplo, infundiendo gracia) mientras que el pecado queda fuera de su jurisdicción.

El argumento de Santo Tomás de Aquino: una solución aportada por Santo Tomás consiste en afirmar que el movimiento produce corrupción. Esto es algo que nosotros sabemos por experiencia: todos los seres materiales del mundo son susceptibles de decaimiento y entropía (si dejas una silla en un bosque por 20 años, se va a oxidar, y si la dejas miles de años va a acabar hecha polvo). La manera de evitar esto sería que no fuéramos seres inmateriales o que no hubiera cambio en el mundo. Sin embargo, si este fuera el caso, el mundo en el que vivimos no sería un mundo humano, sino un mundo angélico.

El argumento de Leibniz: Leibniz proponía que el mal es un bien escondido. En otras palabras, nosotros vemos cada cosa individual que nos sucede como si fuera un mal porque no somos capaces de observar simultáneamente la eternidad. Si pudiéramos hacerlo nos daríamos cuenta de que el mal más pequeño cumple un propósito del plan divino. Un ejemplo famoso de Leibniz consiste en juzgar que Roma cayó con la finalidad de que pudiera nacer la iglesia católica y se asentara el reino cristiano sobre la tierra. Esta es una idea extraña y poco intuitiva, aunque resulta interesante.

Es muy posible que todos estos argumentos estén equivocados y sean racionalizaciones. Eso está claro. Lo importante es que plantean opciones que no son consideradas y objetadas por el autor de este artículo. Si lo que se quiere es demostrar la inexistencia de Dios mediante especulaciones, se requiere hacer un mejor trabajo.
Nadie cree realmente en Dios:

Este no es un argumento metafísico... Y no prueba la inexistencia de Dios. Son, más bien, una serie de opiniones que tratan de establecer la explicación psicológica en Dios. Eso no tiene nada que ver con la existencia o inexistencia de éste como ser ontológico. No sólo no es una demostración lógica, sino que tampoco es una demostración científica (no presenta datos empíricos que avalen la razón por la que se cree en una deidad).  

El experimento de la plegaria:

Esto tampoco es una demostración ni una argumentación lógica. Es un experimento mental bastante dudoso, en el cual se asume que Dios tiene providencia (una idea, por cierto, obtenida del cristianismo. Sin embargo, se olvida que un Dios como el de Aristóteles no es providente) y que Dios busca complacer a personas sin fe. San Buenaventura dice (y se le  añade San Agustín): "tener fe para entender". Sinceramente me da vergüenza tener que explicar el porqué esta no es una prueba lógica de la inexistencia de Dios.

Navaja de Occam:

La navaja de Occam no aplica en este caso. Si es posible reemplazar a Dios por el universo, el universo puede ser reemplazado por Dios. Ninguno de los dos tiene una entidad adicional. Cuando hablamos de monoteísmo queremos expresar la creencia en un solo Dios, no en múltiples Dioses. Quizás podría aplicarse a la santa trinidad, pues aunque sólo admite un Dios, las tres personas (padre, hijo y espíritu santo) son entidades diferenciadas (vale decir que para Guillermo de Occam los misterios de la santísima trinidad son verdaderos).  También podría aplicarse a la doctrina neoplatónica de las emanaciones y los seres intermedios, ya que se multiplican innecesariamente las entidades.
En fin, el resto del artículo tiene que ver con las paradojas de la omnipotencia, la del mundo perfecto (la cual no es otra cosa que una paradoja del tiempo modificada) y el de la imposibilidad (que vuelve al tema de la omnipotencia). Todas ellas repiten los temas que ya traté, pero tal vez luego las revise con más cuidado; ninguna es convincente. Por ahora ya me cansé de escribir.

Sólo vuelvo a recordar que al hablar racionalmente de Dios quedan dos opciones: callar o argumentar. Una discusión racional sobre él va a requerir necesariamente hacer uso de argumentos metafísicos, ya sea a favor o en contra. Eso quiere decir que no vale descalificar unos y alabar otros sólo porque nos sentimos más inclinados a aceptar los que confirman nuestras creencias previas. Hay que encontrar sus agujeros lógicos y hacerlo a través de un conocimiento teológico auténtico. Si se quiere callar, y considerar que son preguntas sin sentido, siempre queda unirse a las filas de los positivistas lógicos de principios del siglo XX, como Alfred Ayer, Carnap y Russell.

También quiero decir que sostener dogmáticamente la inexistencia de Dios, sin que ni la ciencia o la filosofía lo hayan refutado (y créanme, no lo han hecho) es tan dogmático como creer categóricamente en su existencia. En esos casos  es mejor suspender el juicio o simplemente admitir que se tiene una opinión infundada. La falacia ad ignorantiam recuerda: la falta de pruebas para la verdad de un juicio no implica su falsedad y la falta de refutaciones del mismo no implica su verdad.

El hecho de que la carga de la prueba recaiga en los creyentes no invalida el principio ad ignorantiam. Tampoco es válido decir que, por esa lógica, debemos suspender nuestro juicio sobre la existencia del  "monstruo del espagueti"  o "superman". La idea de Dios como principio metafísico del ser no es comparable a personajes de fantasía que fueron claramente creados por el ser humano. No comparten la misma categoría lógica.